Un jarrón chino

 

Estos días viernes 16 y sábado 17 de agosto tienen lugar las Primeras Jornadas de Hábitat y Ambiente de Luján, bajo el título “¿Qué Luján queremos?”, y organizadas por el Consejo Urbanístico Ambiental (CUA). En la convocatoria, el organismo ha anunciado las “áreas de interés” a abordar en estas Jornadas: “Pautas para el crecimiento urbano de Luján”, “Acceso justo a la tierra y a la vivienda”, “Problemas ambientales”, “Espacio público y servicios públicos” y “Desarrollo industrial, comercial y turístico”.

Esta actividad, que viene siendo anunciada desde hace varias semanas y que invita a participar a todos los vecinos de Luján, parece un último y desesperado grito de las autoridades del CUA por lograr visibilidad, por intentar que su existencia sea recordada, después de cuatro años de ninguneos por parte de aquéllos a quienes están dirigidas sus recomendaciones: los concejales y el intendente.

 

Bravos en la tribuna, dóciles en la cancha

 

“La ligereza de las posturas (…) es inversamente proporcional a las posibilidades de acceso al gobierno de un partido político determinado. Es decir que, a menor posibilidad electoral de ser gobierno, más ligereza en el planteamiento.”

Raúl Baglini, ex diputado nacional por la UCR

 El CUA fue creado mediante la ordenanza 7.417, aprobada por el Concejo Deliberante el 22 de junio de 2020. Yo era concejal en ese momento, así que recuerdo bien las idas y venidas de ese proyecto.

Unos meses antes, tras la aprobación del Código de Ordenamiento Urbano (COU), distintos sectores de la entonces oposición peronista/kirchnerista impulsaban la iniciativa de crear un órgano consultivo que interviniera en todas aquellas cuestiones vinculadas con la aplicación de las nuevas regulaciones sobre el uso del suelo en Luján y, al mismo tiempo, sobre los temas medioambientales. A los codazos en la carrera hacia el gobierno municipal, competían tres propuestas distintas: una de la princista Érica Pereyra, otra del botista Nicolás Capelli y una tercera de la graboísta Carolina Francia. Como desde la tribuna no se erran goles, y como desde la oposición se suele ser más demagogo que desde la gestión, cada proyecto intentaba ser más extremo que los demás, en particular en dos cuestiones: quién impulsaba más participación ciudadana y quién pretendía dar más carácter vinculante y obligatorio a las recomendaciones del consejo consultivo.

El 13 de marzo de 2019 los distintos sectores de aquel peronismo opositor finalmente lograron ponerse de acuerdo en que los dictámenes del CUA debían ser obligatorios para el Concejo Deliberante y el Departamento Ejecutivo. Desde el bloque que yo integraba estuvimos en contra de ese punto específico, planteando que ningún dictamen de un órgano asesor podía ser vinculante para el gobierno municipal. Pero la ausencia de dos de nuestros concejales (Nicolás Quarenta, del PRO, y María de la Paz Elías, de la Unión Vecinal) hizo que perdiéramos la votación por 9 a 8.

El entonces intendente Oscar Luciani vetó esa ordenanza, justamente por la cuestión del carácter de las opiniones del CUA. Y en muy poco tiempo se dio una demostración fehaciente del denominado Teorema de Baglini: en los primeros meses de 2020, el nuevo oficialismo peronista cambió la opinión que tenía aquel peronismo opositor, y aceptó que los dictámenes del CUA no debían ser vinculantes. Fue así que el 22 de junio de ese año fue aprobada la ordenanza 7.417.

De acuerdo a esa norma, entre las funciones del CUA aparecen la de dictaminar sobre eventuales propuestas de modificación total al COU y la de evaluar sobre nuevos emprendimientos urbanísticos, rurales, comerciales e industriales. También la de intervenir “en todo asunto que suponga impactos significativos en el desarrollo urbano ambiental del Partido de Luján”, así como la de incentivar la utilización de energías renovables. Otra de sus funciones es dictaminar sobre la planificación y la intervención en el espacio público.

Ahora bien, así como del dicho al hecho hay mucho trecho, también es grande la distancia entre el texto de norma y su puesta en práctica. En este caso, tan enorme es esa brecha que el CUA ha terminado siendo apenas un bosquejo de aquello que se pregonó cuando se impulsaba su creación.

 

En un rincón, juntando polvo

 

“Somos como grandes jarrones chinos en apartamentos pequeños. No se retiran del mobiliario porque se supone que son valiosos, pero están todo el rato estorbando.”

Felipe González, ex presidente del Gobierno de España

Dicen que fue Felipe González quien acuñó la semejanza entre los expresidentes y los jarrones chinos. Pero la imagen vale también en este caso para el CUA: es un organismo valioso porque favorece la participación ciudadana, democratiza la discusión sobre el desarrollo urbano y la preservación del ambiente y fomenta la integración de académicos y especialistas en ese debate; pero su utilidad es por lo menos dudosa, después de cuatro años en que los responsables de las decisiones gubernamentales (intendente y concejales) han eludido su consulta todas las veces que han podido, o directamente han ignorado sus recomendaciones cuando eran contrarias a sus intereses.

 Repasemos algunos casos:

-         Central termoeléctrica: el CUA dictaminó en contra de cambiar de uso “rural” a “industrial” la parcela ubicada en rutas 6 y 34, donde fue construida la central termoeléctrica de Araucaria Energy. No obstante ello, el Concejo Deliberante (en una sesión prácticamente secreta, realizada en forma virtual y no presencial y sin permitir la asunción de una concejal suplente que debía reemplazar a un titular en licencia) votó a favor de la rezonificación, ignorando el dictamen del CUA.

-         Loteo, centro comercial y viviendas multifamiliares en “el triángulo” de Open Door: en este caso, la opinión del CUA directamente no fue incorporada al expediente. El Concejo Deliberante aprobó las excepciones al COU, que posibilitan un negocio millonario, sin tener en cuenta ningún informe técnico, salvo un escueto “esta Dirección considera factible acceder a lo solicitado” emitido por Pablo Girotto, director municipal de Planeamiento y Hábitat.

-         Loteo, centro comercial y viviendas multifamiliares en Ruta 6 y Autopista del Oeste: otro caso parecido al anterior, en que un empresario compra una fracción de campo en una zona rural, con muy pocos usos posibles, y propone después desarrollar la construcción de un shoping y torres de departamentos y subdividir el resto en pequeños lotes, pretendiendo multiplicar en varias veces el monto de su inversión inicial. El Concejo Deliberante ni siquiera dio intervención al CUA, y concejales ofisitores y opocialistas votaron a ojos cerrados las excepciones mal COU.

-         Parque industrial a orillas del río Luján, en zona inundable: cuando el CUA analizó este proyecto privado, formuló varias objeciones (carencia de documentación, falta de intervención de la Dirección de Gestión Ambiental, inexistencia de dictámenes técnico, contable y legal). Pero fundamentalmente expresó su rechazo porque el emprendimiento propuesto “se halla en el valle de inundación al río, que hoy se encuentra cumpliendo la función de vertedero de efluentes industriales y cloacales irregulares, sin contar con control alguno de ningún organismo oficial”. A pesar de esa contundencia, el Concejo Deliberante hizo como si el CUA no hubiese dicho nada y votó convertir en “industrial” una fracción “rural”.

-         Permiso para un nuevo loteo en el barrio San Pedro: junto al Cementerio Parque los Pinos existe una parcela que el COU definió como AC-UE2 – (Área Complementaria -Distrito Uso Específico 2: Cementerios). Cuando se tomó esa decisión, se previó darle a esa fracción el carácter de reserva, ante la eventualidad de que en el futuro tuviera que expandirse el actual cementerio. Como esa definición imposibilita dar al terreno otro uso, y como la Cooperativa Eléctrica (concesionaria de Los Pinos) manifestó que no se encuentra en condiciones de afrontar su compra, sus propietarios pidieron al Municipio una excepción (sí, ¡otra más!) al COU, para subdividirlo en pequeños lotes. Lo que ocurrió en este caso fue muy curioso: en la reunión en que el CUA se aprestaba a iniciar el análisis del expediente, y cuando algunos de sus integrantes debatían si correspondía o no acceder a la solicitado, una concejal allí presente les dijo que el pedido ya había sido aprobado por el Concejo Deliberante. Con todo éxito, la maquinaria de otorgar excepciones al COU había actuado con prontitud.

-         Planta depuradora para Jáuregui, Pueblo Nuevo y Cortínez: el intendente Boto está avanzando en la idea de construir una planta de tratamiento de líquidos cloacales para esas localidades, en un predio que le cedería el Club Flandria, ubicado en la margen izquierda del río Luján. Las opiniones están divididas: la mayoría de los vecinos que participaron del procedimiento de consulta implementado por el gobierno se manifestó a favor de la iniciativa, pero algunos cuestionan la ubicación de la planta (justo a orillas del río, en un lugar inundable) y su eventual impacto ambiental. Como se ve, es un tema que obviamente debería ser sometido al análisis del CUA, de acuerdo a las funciones que le otorga la ordenanza de su creación. Sin embargo, eso no ha ocurrido. Y casi implorando que el gobierno municipal recuerde su existencia, el CUA resolvió “solicitar al intendente (…) tenga a bien enviar copia del expediente administrativo donde tramita el proyecto de referencia”.

Éste es apenas un punteo de algunos casos en los que la intervención del CUA fue ignorada por el intendente y los concejales, votando en contra de sus dictámenes o directamente evitando pedirle opinión o hasta no incorporando sus informes en los expedientes.

Desatendido hoy incluso por quienes promovieron su creación, el CUA está muy lejos de ser aquel prometido ámbito de amplia y plural participación ciudadana, que contrapondría a los intereses particulares una visión integrada por los aportes de todos los sectores, logrando así una equilibrada planificación urbana del distrito y una acción decidida en la recuperación y preservación de nuestro ambiente natural.

El CUA ha terminado siendo un hermoso jarrón y valioso chino, adquirido con las más nobles intenciones, pero hoy arrumbado en un rincón del galponcito del fondo, juntando polvo. Sólo falta que lo embalen y lo guarden, porque tampoco nadie quiere que se rompa…


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